
Que el acercamiento al cine junto con el resto de las cosas necesarias en esta vida es cuestión obligatoriamente única, intrínseca, personal e intransferible, doy por sentado que queda fuera de toda discusión. Lo importante es lo que tenemos cada uno de nosotros detrás (incluso encima, delante, con, contra, para, por y según) a la hora de solicitar del arte lo que le solicitamos; las razones y no los criterios o, mejor, las razones de nuestros criterios. Y ahí es donde entra en juego la estupenda discusión y el productivo debate.
Por lo tanto, acometo ahora un ejercicio de positivismo sintético de andar por casa y me permito plantear modesta y prudentemente lo que yo le pido al cine en 4 cómodos puntos. (Nótese la inclusión en todos del pronombre personal en forma de dativo o acusativo de 1.ª persona singular, como no podría ser de otra forma). Son enunciados generales y epidérmicos, pero brevedad obliga.
1. Que me entretenga. Tan trivial y nada sofisticada exigencia se relaciona con mi completa y total claudicación, servil y diríase que irrecuperable, ante la idea del cine como medio de expresión narrativo. Me llegan a hechizar algunos experimentos vanguardistas, creo en y defiendo un cine alternativo, me maravilla el cine pionero con sus tanteos dubitativos pero tras una gran película siempre encuentro una gran y sobre todo, una bien contada historia ¿Qué supone esto último?... harina de otro nutritivo costal.
2. Que me fascine. Y aquí sí que hemos topado con la monolítica iglesia de lo estético, amigo Sancho, y encima, a estas alturas, sin cánones en forma de clavos ardiendo a los que agarrarse. Vaya usted a saber... a mi, particularmente, desde “poner en cuadro” la resurrección de una granjera muerta en el reino de Dinamarca hasta ver cómo los androides sueñan con ovejas eléctricas, desde la trilogía de la vida de Apu hasta, por poner el caso, los desafueros pasionales de Almodóvar.
3. Que me emocione. Llegamos ahora al absoluto de la subjetividad, si es que esto es posible y no entra en terrible confrontación filosófica, relacionándose el particular con las vivencias y experiencias, enseñanzas y añoranzas, deseos y frustraciones de cada uno, como decía antes...
4. Que me remueva. Adoro el cine de tesis, de ideas, de análisis, de síntesis, el cine político... siempre que no me lo sirvan, como el aceite de ricino, en cuchara sopera y a palo seco, que no se vea el cartón del discurso y el maniqueísmo dogmático ocultándolo, de nuevo, mediante el férreo armazón de una robusta historia
Creo que no me falta nada. Me atrevería a afirmar que los más importantes son los puntos 2 y 3. Evidentemente, hay grados para todo esto, no todas las películas pueden ser obras maestras abarrotadas de excelencia en los 4 puntos... no habría quien fuera al cine así, al borde siempre todos de un ataque de Síndrome de Stendhal. Pero rara es la que no alcance un mínimo en alguna categoría sobre todo si nuestra mirada, ingenuamente, aspira a esa falacia de la “limpieza” o, al menos, al desprejuicio, esforzándose así en encontrar la belleza en cualquiera de los cines que han sido y serán.





